El nuevo gobierno enfrenta un doble desafío. El más urgente es moderar el crecimiento del gasto público. El más importante, fortalecer el Estado. Estos son los conceptos centrales de un amplio informe del Instituto para el Desarrollo Social Argentino (Idesa).

“Manteniendo las actuales tendencias se genera una emisión de pesos tan alta que hace inviable los intentos por revertir el proceso inflacionario. Pero el más importante y complejo desafío es fortalecer genuinamente el Estado”, puntualiza.

Según la consultora, esto requiere mucho profesionalismo y valentía para “desprivatizar” amplias áreas del sector público donde se han enquistado empleo público espurio, ineptitud, mafias y redes de corrupción. “Es clave desmitificar la idea de que para generar más presencia del Estado se requiere más gasto público. Por el contrario, el Estado presente es el que asigna y administra eficientemente sus recursos”, remarca Idesa. Esto implica, por un lado, recorrer el arduo camino de eliminar la corrupción, el empleo público improductivo y los subsidios a gente de altos recursos, y, por el otro, la difícil tarea de imponer nuevos estilos de gestión en cárceles, comisarías, juzgados, escuelas, hospitales, agencias reguladoras y otras áreas del Estado, considera.

Las evidencias demuestran que desde el punto de vista del progreso de una sociedad lo importante no es la cantidad de recursos con que cuenta el Estado sino el sentido estratégico con que los asigna y la calidad de su gestión. Esto explica por qué aun cuando el sector público argentino dispone de enormes presupuestos, la población sufre el desamparo. Las consecuencias son visibles. Precariedad del sistema de seguridad, falta de infraestructura e improvisación ante las inundaciones. Desde la resignación con la cual muchas familias realizan un gran esfuerzo para pagar a sus hijos una escuela privada frente a la percepción de deterioro de la educación pública, hasta el malestar que generan los cortes de energía y la precariedad del transporte de pasajeros, agrega el informe. Una idea instalada es la antinomia “mercado vs Estado” y el convencimiento de que el progreso y la equidad dependen de la presencia y el fortalecimiento del sector público. Con estos argumentos se justificó el crecimiento del Estado, que llevó a que entre los años 2003 y 2014 el gasto público creciera desde el 21% al 38% del PBI. Entre los componentes más importantes de aumento del gasto -dice Idesa- aparecen los subsidios económicos, la contratación de empleados públicos y la distribución de jubilaciones sin aportes. Para financiar este proceso se elevó a niveles récords la presión impositiva y se apeló a la emisión de dinero sin respaldo.

¿Cuán consistente y estrecha es la asociación entre tamaño del sector público y progreso y equidad? Tomando datos del FMI y de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) de 2014 se detectan las siguientes tendencias:

• En los países nórdicos, el gasto público se sitúa en 50% del PBI; aquí se inscriben Finlandia (58%), Dinamarca (57%), Suecia (50%) y Noruega (45%).

• En Australia (40%), Canadá (37%) o EEUU (36%), el gasto se ubica cerca del 40% del PBI.

• Entre los vecinos, como Uruguay (32%) o Chile (26%), el gasto público se ubica en el rango del 30% del PBI, concluye el análisis del instituto privado.